Por qué la vacuna no supondría el fin de la Covid: así será la vida postpandemia

Escrito por José Pinto

La historia demuestra que las pandemias pueden permanecer muchos años entre los humanos aunque se cuente con medidas de prevención eficaces.

Año 2022. En el mercado existen tres vacunas frente al coronavirus Sars CoV-2; desde finales del año anterior, cada comunidad autónoma aplica una de ellas -la que ha negociado adquirir- a todos los afiliados a la Seguridad Social. También la reciben las personas sin papeles y es requisito imprescindible para viajar a casi cualquier país del mundo y también a España, como lo era en 2019 la vacuna de la fiebre amarilla para desplazarse a Burundi y otros países africanos. 

Tras algunos meses duros de negociaciones con las farmacéuticas, el fármaco preventivo tiene un precio justo y la vida ha recuperado el ritmo previo al funesto marzo de 2020, cuando se desató en España el pico de la primera ola de Covid-19, que ahora ya se sabe que mató a más de 50.000 personas.

Al salir a la calle, sin embargo, sigue siendo necesario ponerse la mascarilla. También hay que llevarla en el transporte público y en viajes en tren y avión. Cada cierto tiempo, un ciudadano cualquiera recibe una llamada de su ambulatorio o le salta una notificación de la App radar COVID en su móvil. Sabrá entonces que, sin probablemente haberse dado cuenta, ha sido usted contacto estrecho de alguien enfermo de Covid. Pero, ¿cómo? ¿no era que se había acabado con la enfermedad? 

Claves para un pronóstico

Obviamente, nadie sabe qué pasará en España ni en el mundo en el año 2022, pero el estudio de otras enfermedades y pandemias sí da pistas sobre cómo podría evolucionar la Covid-19 en un futuro. 

Adrián Hugo Aginagalde, investigador del Museo Vasco de Historia de la Medicina, explica a EL ESPAÑOL que “el registro histórico” y lo que se está viendo en Sudamérica hacen pensar que habrá “al menos” una segunda ola. “Podría ser más intensa, y no necesariamente por la coinfección con la gripe, sino por los factores que en otoño e invierno favorecen la transmisión”.

El científico va más lejos y prevé, “probablemente”, una tercera. “Es también esperable, pues ocurrió en la gripe de 1848, en la de 1889 (rusa) y en la de 1918 (española), pero su impacto debiera moderarse por la esperada introducción de la vacuna y la mejora en las medidas de prevención y control”, subraya.

Para el portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología Joan Caylà, a la hora de abordar el futuro de la Covid hay que señalar en primer lugar que ya se ha “escapado” la oportunidad que mejor hubiera venido al mundo: la eliminación del nuevo coronavirus.

El experto destaca que eso fue precisamente lo que ocurrió con el primo mayor de este virus, el Sars CoV-1, que causó el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), una pandemia que se extendió por 26 países -en España sólo hubo una sospecha de caso, que finalmente resultó negativo-, causó 8.000 muertos y se logró controlar en sólo ocho meses “con medidas parecidas” a las actuales, recuerda Caylà. “Que esto hubiera sido así con la Covid hubiera sido fantástico”, se lamenta.

Caylà es de los que piensan que ya estamos en una segunda oleada, un concepto que Fernando Simón prefiere no utilizar porque lo considera algo más “semántico”. Pero para este epidemiólogo las oleadas consecuentes a una primera pueden ser pequeñas, medianas o grandes. Ahora estaríamos en una segunda fase.

Inmunidad de grupo
La famosa inmunidad de grupo es otra de las grandes esperanzas para una vida sin Covid, pero en este sentido la historia también nos trae malas noticias. “Por parte de los epidemiólogos está descartado desde el inicio que el virus pueda cumplir los postulados de Fox y generar inmunidad de grupo de forma natural. No ha ocurrido nunca con una pandemia”, señala Aginagalde.

Los postulados de Fox, llamados así por el investigador que los describió en un artículo en 1971, definen este tipo de protección así: “Es la resistencia de un grupo a una infección ante la que una amplia proporción de individuos se halla inmune, y en
el que, debido a ello ha disminuido de forma notable la probabilidad de que un sujeto con la enfermedad entre en contacto con un individuo susceptible”.

Así, Caylà considera que es “muy difícil” que desaparezca el virus. “Aunque España llegara a controlarlo, siempre podría venir de otro país”, vaticina. De hecho, el precio de que el virus se eliminara por el efecto rebaño sería un elevadísimo número de muertes, que Thomas Frieden, el anterior director del Centro de Control y Prevención de las Enfermedades de EEUU (CDC), cifró sólo para EEUU en un millón de muertos.

Este coronavirus tiene además una característica agravante que se ha puesto de manifiesto este verano y es que “se puede presentar en cualquier momento del año”. Así, los servicios de salud pública tendrán siempre que estar atentos a cualquier posible brote, para detectarlo e iniciar el estudio de contactos.

La vacuna de la esperanza
Pero si las medidas de mitigación no han logrado acabar con el virus y tampoco lo hará la inmunidad de rebaño alguien podría decir que hay un motivo para mantener la esperanza: las vacunas. Más allá de que algunos investigadores ponen en duda que la eficacia de ésta se vaya a acercar al 100%, incluso si lo fuera esto no significaría el fin de la enfermedad.

Como muestra, el caso del sarampión. En 1963, la Food and Drug Administration (FDA, el organismo que regula alimentos y fármacos en EEUU) licenciaba por primera vez una vacuna contra el sarampión. En España, la inmunización se incluyó en el calendario vacunal en 1978 y se sigue administrando a todos los niños, pero basta con mirar la hemeroteca reciente para ver que se siguen produciendo brotes de esta enfermedad.

Para Caylà, la Covid-19 se convertirá en una patología de declaración obligatoria -justo como el sarampión- pero tendremos que asumir que cualquier persona no conviviente pueda contagiarnos, incluso con vacuna. “Pasarán años hasta que haya para todos y la cobertura será limitada, como también la eficacia”, vaticina.

Así, el epidemiólogo considera que tendremos que mantener la distancia social y llevar mascarilla durante muchos años. Con todo, y para que el panorama no se vea tan deprimente como suena, Caylà llama a la comparación: “Cada año mueren de tuberculosis más de un millón y medio de personas al año, igual que de VIH / sida”, concluye.

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